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domingo, 19 de agosto de 2012

Poemas


Benicio, sé que estabas
  
Sé que estabas.
Cuando el sol aún no se ponía ni la luna fases tenía;
cuando el mar las clemencias ignoraba
y el fuego las rocas abrazaba.
Ahí estabas.
Arrullando las horas sin tiempo,
contenido en un sinfín de cúmulos de viento
ya tu espíritu, tan nuevo
deshacíase -una vez más- de antiguos ornamentos.
Serás lo que ya eres -clamó el Misterio.
Miraste su rostro, teñido de tiempo,
y rotaste la cara del alma,
para ver con humildad tu futuro pleno. Y ahí estabas.
Eras esencia,
puro soplo del Supremo hecho presencia
y deseaste -consciente-, continuar
y mejorar tu herencia.
Atrás quedaron la espada y el templo inmemorial
de dioses y falsos profetas.
El polvo de astros y soles, de viejas estrellas
anima tu alma y tus genes completa.
Eres luz, eres sombra, eres Espíritu y palabra.
Y eres promesa.

Ya es tiempo. Conoces el camino.
Serena tu Alma: el Eterno y tú son uno.
¡Avanza Benicio! -tal será tu nombre.
Dos allá te esperan.


Mariano. Tu papá
27 de enero de 2011. 02:11 A.M.





                Oda a Briseida
  
                Acurrucada dormías en una nube de amapolas.
                Era tu sueño un presagio.
                Dormías y espiabas a dos, que en silencio te deseábamos.
                Era un pétalo tu piel y eran las nubes tu cobijo,
                y el sol tocó un día tu corona de flores.

                Esa tarde, cerca de un mar, una lluvia de estrellas se precipitó en el mundo,
                y así se decidió tu destino. Y por amor lloramos.

                Te imaginamos pequeña y frágil,
                como un capullo de rocío en la mañana.
                Tenías la fuerza del viento en tu interior
                y el dulzor de tu amor dio en nuestras caras.

                Imagino tu ser de colores
                y me extraña saberte tan mía.
                Descubrir tu perfume y tu sustancia.
                Sentirte parte de mí y de mamá y saberte
                tan cerca, en sus entrañas.

                Tanto amor es apenas soportable,
                y de mil ganas te explicaría este latido que tengo aquí,
                en mi pecho. Y que ruge sin templanza.

                Pero mejor aguardaré tu venida.
                Así, cuando mamá te avise y te susurre que es la hora,
                Papá estará con su corcel, esperando a su princesa.
                Te daré, así, la otra parte de mi corazón
                y el nombre que juntos te elegimos: mi Briseida.

  

                Mariano. Tu papá
                21 de noviembre de 2012. 07:40 A.M.

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