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sábado, 21 de mayo de 2011

Novela



Mi novela El mensajero es una exploración metafísica, una excusa literaria para buscar preguntas y evadir respuestas.
Bajo un claro influjo nihilista, intenté crear una novela con diversas lecturas, donde la interacción con el lector es indispensable para la comprensión de la obra.
Babilonia. Siglo III A.C. Un joven sacerdote griego, llamado Talímaco Sereno, tiene un sueño reiterado: ve a un dios entregar a su rey una redoma de vidrio. Cuando despierta, se sabe poseedor de una información y de un improbable milagro: el brebaje contenido en el cáliz promete a su portador la felicidad eterna y, para su sorpresa, la redoma se encuentra materializada entre sus manos (quien esté familiarizado con la rosa de T. S Coleridge, estará en condiciones de anticipar un argumento).
Talímaco no concibe otro propósito que verse mensajero del dios y se da a la tarea de entregar el obsequio a su destinatario. Pero para este momento, el sacerdote ha cometido un terrible error. Error que se verá aumentado por una estela de ignorante bondad, hacia un final previsible para el atento lector.
Amparándome en la metáfora del eterno retorno de Nietsche, el sacerdote se ve inmerso en la espiral concéntrica de un destino que lo persigue, como el lector se hallará dentro de una historia circular que favorece la impaciencia y la demora; así, la cooperación obra/lector se torna determinante.
A expensas de esto, es que la historia se estructura en una trama compleja y no lineal, donde el abuso del salto temporal es ex profeso y opera en detrimento de la atención (de la que el personaje hace abuso).
Por ello, la historia contiene tres historias dentro de sí: la que narra y proporciona información (que el lector conoce); una mayor -y desconcertante- que contiene a ésta (que el lector ignora hasta el final); y la que subyace sobre ambas y le da a la narración una proyección por sobre la obra misma (que el escritor y el lector desconocen hasta el epílogo).
Esta es en síntesis -digámoslo ya- la historia de un engaño brutal; engaño que traspasa las letras y encuentra a otro solidario e ingenuo engañado: el lector.

En la presentación de mi libro, en la Rural, con Giselle
El escritor Dalmiro Sáenz firmando mi libro en la editorial Dunken



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